Telegram, con su enfoque en la privacidad y el cifrado de extremo a extremo, se ha convertido en una de las plataformas más populares para la comunicación segura. Aunque ofrece herramientas valiosas para activistas, periodistas y disidentes, también proporciona terreno fértil para campañas de desinformación. En los últimos años, los canales cerrados de Telegram se han convertido en fuentes potentes y difíciles de monitorear de narrativas engañosas, propaganda y noticias falsas.
Las campañas de desinformación tradicionalmente han utilizado plataformas públicas como Facebook, Twitter y YouTube para alcanzar audiencias amplias. Sin embargo, los crecientes esfuerzos de estas plataformas para moderar contenidos han empujado a los actores malintencionados hacia rincones menos visibles de Internet. Los canales cerrados y los grupos privados de Telegram permiten que el contenido se difunda sin vigilancia, con una supervisión mínima.
A diferencia de los grupos abiertos, los canales cerrados limitan el acceso solo a los miembros invitados. Esto crea una cámara de eco donde las narrativas no se cuestionan. A menudo se anima a los miembros a no compartir enlaces externos ni buscar puntos de vista alternativos. Como resultado, estos canales sirven como bucles auto-reforzados para teorías de conspiración y desinformación.
En febrero de 2025, varias investigaciones en Europa revelaron que las campañas de desinformación vinculadas a actores políticos estaban migrando en masa a Telegram. Estas campañas utilizan la plataforma para difundir contenido polarizante, distorsionar la opinión pública y amplificar las divisiones sociales con un riesgo mucho menor de detección o eliminación.
La arquitectura de Telegram está diseñada para la privacidad del usuario. Sus servidores almacenan una mínima cantidad de metadatos, los mensajes en chats secretos están cifrados de extremo a extremo y los usuarios pueden ocultar sus números de teléfono. Estas características benefician la seguridad personal, pero también empoderan a los grupos de desinformación para organizarse sin ser detectados.
Una de las funciones más atractivas para estos grupos es la capacidad de transmisión mediante canales. Los administradores pueden publicar contenido a miles de suscriptores sin permitir respuestas ni disidencia visible. Este flujo unidireccional de información es ideal para la manipulación, ya que impide el debate orgánico.
Además, el contenido en Telegram puede eliminarse o editarse en cualquier momento sin dejar rastro visible. Esto dificulta a los investigadores o verificadores de hechos conservar pruebas de desinformación o rastrear su evolución con el tiempo.
El auge de Telegram como foco de desinformación no es solo una preocupación teórica. Tiene efectos tangibles en procesos políticos, salud pública y seguridad. En varios países de Europa del Este, por ejemplo, en 2024 se difundieron principalmente a través de Telegram noticias falsas sobre elecciones y vacunas, influyendo en el comportamiento de los votantes y las tasas de vacunación.
Los canales cerrados de Telegram a menudo se hacen pasar por fuentes de noticias independientes o colectivos de denunciantes. Explotan la desconfianza en los medios tradicionales y capitalizan la ambigüedad entre contenido verificado y no verificable. Una vez que el usuario se suscribe, queda expuesto a un flujo constante de hechos selectivos, imágenes manipuladas y vídeos alterados.
Las autoridades enfrentan dificultades para investigar estos canales debido a las zonas grises legales que rodean el cifrado y los derechos de privacidad. Como resultado, muchos de los responsables de campañas de desinformación a gran escala siguen siendo anónimos y operativos, llegando a miles de personas cada día con poca resistencia.
En Alemania, un canal destacado de Telegram afirmó falsamente que se habían destruido urnas durante las elecciones estatales, lo que desencadenó protestas masivas. Aunque la historia fue desmentida en pocas horas, el daño ya estaba hecho. Decenas de miles de personas habían visto el contenido, lo compartieron en grupos privados y organizaron manifestaciones.
Mientras tanto, en Eslovaquia, una campaña de desinformación relacionada con la salud circuló por varios canales cerrados de Telegram. Alegaba que una nueva vacuna contra la COVID-19 contenía microchips, una narrativa refutada por las autoridades sanitarias pero aún ampliamente creída entre ciertos usuarios de Telegram.
Estos ejemplos demuestran que la desinformación en Telegram no está limitada a grupos marginales. Puede influir en el diálogo nacional, afectar instituciones democráticas y poner en peligro la seguridad pública de formas que las redes sociales tradicionales ya no permiten.
Combatir la desinformación en Telegram presenta dificultades únicas. A diferencia de otras plataformas, Telegram carece de herramientas sólidas de moderación o alianzas con verificadores de hechos independientes. Aun así, varios actores —gobiernos, sociedad civil e incluso Telegram— pueden tomar medidas para frenar la difusión de narrativas falsas.
En primer lugar, deben ampliarse las campañas de alfabetización digital para incluir a los usuarios de Telegram. Las personas necesitan aprender a reconocer la manipulación, verificar fuentes y evitar cámaras de eco. En segundo lugar, organizaciones cívicas y observatorios de medios pueden desarrollar herramientas para rastrear la actividad de los canales e identificar esfuerzos de desinformación coordinados.
Telegram podría considerar implementar una verificación opcional para canales de noticias o sistemas más claros de etiquetado que distingan opinión de hechos. Aunque esto podría entrar en conflicto con su filosofía de privacidad, debe encontrarse un equilibrio para evitar que la plataforma sea usada con fines maliciosos.
Dado el carácter transnacional de los canales de Telegram, la cooperación entre países es esencial. Las instituciones europeas y otras alianzas democráticas deberían establecer marcos conjuntos para monitorear y responder a amenazas digitales respetando al mismo tiempo los derechos al cifrado y la privacidad.
En febrero de 2025, la Comisión Europea propuso nuevos protocolos para el acceso transfronterizo a datos en investigaciones criminales que involucren plataformas cifradas. Si se aprueban, podrían sentar una base legal para responsabilizar a los actores de desinformación sin comprometer la neutralidad de las plataformas.
En última instancia, la lucha contra la desinformación requiere esfuerzos coordinados, un discurso público informado y políticas adaptativas. Telegram es solo una de las muchas herramientas utilizadas en esta guerra de información, pero su creciente relevancia exige una atención urgente y matizada.